sábado, 13 de julio de 2013

La Cooperatividad



Cooperatividad


Me libero, elimino obstáculos, brindo esperanza y permito que fluya la energía. Comprendo que el éxito es el resultado de la cooperación humana, de la delicada energía de un pensamiento puro, de los buenos deseos y de la acción basada en la pureza de intención.

Aplicación

Practico el poder de cooperar cuando....
  • Respondo a las señales del destino con armonía, mi vida se vuelve fructífera.
  • Alcanzo mis objetivos y ayudo a los demás para alcanzar los suyos con amor y armonía.

Afirmación

En esta quietud interior, encuentro mi verdad, mi propósito, llenando de significado mi camino.
Soy fuerte para continuar.

Reflexión sobre el Poder de Cooperar

Aquél que coopera recibe cooperación.

El método para ofrecer cooperación es utilizar la energía mental para crear vibraciones de buenos deseos y sentimientos puros hacia los demás y hacia la tarea. Al permanecer desapegado, objetivo e influenciado por los valores más internos y no por las circunstancias externas, surge la cooperación en forma de sabiduría.


La realización humana es como una cordillera con precipicios, pendientes y valles. Alcanzar la perfección en un esfuerzo colectivo es como desear conquistar la cima más alta.

El esfuerzo requiere que cada alpinista esté equipado con habilidades y conocimientos esenciales, mucha determinación y fuerza de voluntad. Sin embargo, no se debe
emprender la ascensión sin lo más indispensable: la cuerda de seguridad de la cooperación.

La cooperación provee los medios para que cada escalador dé un paso, por pequeño que sea, y que todos esos pasos, unidos, permitan alcanzar la cumbre.

Para que cualquier actividad o relación permanezca armoniosa debemos saber hasta dónde intervenir y hasta qué punto retirarnos.

Es como un jardinero que siembra semillas cuando corresponde, entra en el jardín, interviene, para sembrarlas y regarlas, y luego se retira para permitir que la naturaleza haga su trabajo. Sin embargo, de vez en cuando, vuelve a intervenir y entra en el jardín para ver si hay suficiente agua, si algún insecto ha atacado las plantas, si necesitan abono. Su papel consiste en encontrar el espacio adecuado para que surja la potencial belleza y la singularidad que hay en las semillas; el jardinero no crea las flores pero facilita su
expresión.

De la misma manera, nosotros tenemos el deber, o más bien el honor, de sembrar semillas positivas de buenas intenciones, respeto y tolerancia, a la vez que permitimos que los demás y las fuerzas del universo tengan su espacio para funcionar y responder de acuerdo con su tiempo y carácter.

Es un arte saber cuando dar un paso hacia atrás y cuando dar un paso hacia delante, pero es un arte muy necesario si ha de conseguirse el bienestar.

No puedo hacerlo todo solo. Nadie puede. Pero cuando estoy claro y bondadoso y actúo con valentía, de algún modo la vida funciona. Surgen oportunidades. Se producen sincronías. Y todo lo que debo hacer es mi parte. Del mismo modo admirable como las abejas trabajan juntas; en la Naturaleza, cada una cumpliendo su parte, con sus habilidades y talentos particulares, también yo soy capaz de apoyar a otros y que otros me apoyen. En ese dar y recibir se desenvuelve la vida y yo satisfago mi destino” .

Hay dos caras de la misma moneda; una persona que desea vivir plenamente como ser humano necesita entender que la existencia de la propia individualidad, con su carácter único, debe ser reconocida como tal, tanto como la existencia de lo colectivo. 

Uno no puede existir sin los demás, aunque algunas personas han llegado a ambos extremos con resultados muy perjudiciales. Los sistemas que desarrollan el aspecto, colectivo a expensas de lo individual llegan a ser rígidos, autocráticos, crueles y no creativos, a menudo imponen una uniformidad estéril en el pensamiento y en la acción humanos creyendo que ese es el camino para mantener la armonía y el orden. Los sistemas (tanto si son sociales, como religiosos o políticos) que desarrollan el individualismo por encima de cualquier cosa, crean narcisismo y autocomplacencia, y acaban en una sensación de aislamiento personal. Esta alineación es a menudo el resultado del no desarrollo de valores de tolerancia y aceptación, que son una parte muy necesaria de la coexistencia humana.

Las personas que han descubierto verdaderamente el valor del yo nunca se encerrarán en ellos mismos ni exagerarán su valor con una identidad ilusoria basada en etiquetas y éxitos externos.

Alguien que verdaderamente haya encontrado el valor del yo por encima y más allá de las etiquetas, el nombre, la fama y la aprobación, puede cooperar efectivamente en la colectividad y interactuar adecuadamente.

Estas personas no sólo sienten que forman parte del todo sino que, lo que es aun más significativo, el colectivo siente que ellos forman parte del todo.

En la naturaleza, cuando los pájaros tienen que volar hacia un clima más cálido en invierno, van en bandada y empiezan su viaje como un colectivo. El éxito del viaje depende del colectivo: si un pájaro no se une al grupo no conseguirá llegar al destino él solo. Los pájaros vuelan, en una formación especial, con un espacio adecuado entre ellos.

Si vuelan demasiado juntos los unos de los otros, sus alas se enredarán, perderán el equilibrio y se caerán. Si permanecen demasiado lejos los unos de los otros, no se habrá creado adecuadamente la formación y no podrán surcar las corrientes de aire, que les ayudan a impulsarse en su vuelo. Además, el líder de la formación no es siempre el mismo en todo el vuelo, sino que se va atrás y permite a otros tomar su sitio. Este cambio de posiciones sigue produciéndose en todo el vuelo hasta llegar a su destino, permitiendo a cada pájaro contribuir en el éxito del viaje.

La realidad de la vida es que somos individuos que formamos parte de un todo colectivo.

Si el colectivo respeta el espacio del individuo, funciona para preservar las aspiraciones y las diferencias individuales. En cambio, si el colectivo no respeta este espacio, se vuelve represivo. En resumen, el individuo tiene que respetar el colectivo y no llegar al extremo de los derechos personales, y el colectivo debe respetar al individuo y no llegar al extremo en su uso del orden.
Si queremos disfrutar plenamente de las amistades hemos de tener cautela.

Siempre deberíamos intentar ser de ayuda para los amigos. Pero esa ayuda necesita estar exenta de cualquier deseo de alabanza, y por encima de cualquier sentimiento enfermizo o de pesar.

Ofrecer esta clase de ayuda incrementará mi crecimiento como ser. Si, en cambio, mi ofrecimiento no es puro, casi toda su dulzura desaparecerá y las personas lo notarán.




Fuente: http://www.eligelacalma.org/. Modificado para efectos de este blog







       

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