lunes, 13 de enero de 2014
domingo, 12 de enero de 2014
Reacción del cuerpo ante las emociones
Estudio científico revela reacción del cuerpo humano ante emociones
De acuerdo a un estudio, si estamos deprimidos o tristes nuestras extremidades se enfrían, mientras que los sentimientos de amor y felicidad abarcan prácticamente todo el cuerpo.Un grupo de investigadores finlandeses identificó las distintas formas en que reaccionamos frente a las emociones, construyendo un mapa de acuerdo a qué área del cuerpo se activa con cada estímulo.
El estudio, publicado en el Proceedings of the National Academy of Sciences analizó a 773 personas, mostrando el aumento o disminución de temperatura corporal dependiendo de la emoción experimentada. De esta forma, podemos apreciar que el sentimiento de felicidad abarca casi todo el cuerpo, y es muy similar al amor. El orgullo y la ira son prácticamente iguales, lo mismo que el miedo, la ansiedad y el asco.
La depresión y tristeza en tanto, se caracterizan por mostrar las extremidades con un tono frío (lo que explicaría la sensación de bienestar si nos quedamos acostados) y se diferencian de la vergüenza por el conocido enrojecimiento en las mejillas. El desprecio y la envidia también muestran patrones similares.
Para llegar a estas conclusiones los científicos expusieron a los voluntarios a distintos estímulos externos, como videos, palabras, historias de vida, expresiones faciales y otros, para luego pedirles que colorearan en un computador los sitios del cuerpo donde sentían un cambio.
Lo llamativo del estudio tuvo que ver con la "asociación puramente conceptual entre el conocimiento semántico de los estereotipos basados en el lenguaje", considerando que en el análisis participaron personas de nacionalidad finlandesa y taiwanesa, demostrado que a pesar de los orígenes culturales, todos sentimos lo mismo.
Fuente: Discovery Magazine
La consciencia vive en otros universos luego de la muerte física. Postulado científico.
Un libro titulado “Biocentrismo: Cómo la vida y la conciencia son las claves para entender la naturaleza del Universo”, publicado en EE.UU., ha agitado la Internet, porque contiene un concepto de que la vida no termina cuando el cuerpo muere, y puede durar para siempre. El autor de esta publicación, el científico Robert Lanza no tiene ninguna duda de que esto es posible.
Más allá del tiempo y el espacio
Lanza es un experto en medicina regenerativa y director científico de Advanced Cell Technology Company. Antes de que él fuera conocido por su extensa investigación que se ocupa de las células madre, también fue famoso por varios exitosos experimentos de clonación de especies animales en peligro de extinción.
Pero no hace mucho tiempo, el científico se involucró con la física, la mecánica cuántica y la astrofísica. Esta mezcla explosiva ha dado a luz la nueva teoría del biocentrismo, que el profesor ha estado predicando desde entonces.
La teoría implica que la muerte simplemente no existe. Es una ilusión que surge en la mente de las personas. Existe porque la gente se identifica con su cuerpo. Creen que el cuerpo morirá tarde o temprano, pensando que su conciencia desaparecerá también. De hecho, la conciencia existe fuera de las limitaciones del tiempo y el espacio y es capaz de estar en cualquier lugar: en el cuerpo humano y fuera de él. Esto encaja bien con los postulados básicos de la ciencia de la mecánica cuántica, según la cual una cierta partícula puede estar presente en cualquier lugar y un evento puede ocurrir de acuerdo a varios, a veces de incontables maneras.
Lanza cree que pueden existir múltiples universos simultáneamente. Estos universos contienen varias maneras de escenarios posibles. En un universo, el cuerpo puede estar muerto. Y en el otro seguir existiendo, absorbiendo la conciencia que emigró hacia ese universo.
Esto significa que una persona muerta mientras viaja a través del mismo túnel no termina en el infierno o en el cielo, sino en un mundo similar al que él o ella habitó, pero esta vez con vida. Y así sucesivamente, infinitamente.
Mundos múltiples
Esto infunde esperanza, pero la controversial teoría de Lanza no sólo tiene muchos seguidores inconscientes, simples mortales que quieren vivir para siempre, sino también algunos científicos bien conocidos. Estos son los físicos y astrofísicos que tienden a estar de acuerdo con la existencia de mundos paralelos y que sugieren la posibilidad de múltiples universos. Multiverso (multi-universo) es un denominado concepto científico, que defienden. Creen que no existen leyes de la física que prohíba la existencia de mundos paralelos.
El primero fue un escritor de ciencia ficción HG Wells, que lo planteó en 1895, en su novela “The Door in the Wall”. Y después de 62 años, esta idea fue desarrollada por Hugh Everett en su tesis de posgrado en la Universidad de Princeton. Básicamente plantea que en un momento determinado el universo se dividió en innumerables casos similares. Y al momento siguiente, estos universos “recién nacidos” se dividieron de manera similar. En algunos de estos mundos puede estar presente: la lectura de este artículo en un universo, o ver la televisión en otro.
El factor desencadenante de estos mundos es que se multiplican nuestras acciones, explicó Everett. Si hacemos algunas elecciones, al instante un universo se divide en dos con las diferentes versiones de los resultados.
En la década de 1980, Andrei Linde, científico del Instituto de Física de Lebedev, desarrolló la teoría de los universos múltiples. Actualmente es profesor en la Universidad de Stanford.
Linde explicó: el espacio consiste en muchas esferas infladas, que dan lugar a esferas similares, y éstas, a su vez, producen esferas en una cantidad aún mayor, y así sucesivamente hasta el infinito. En el universo, están separadas entre sí. No son conscientes de la existencia de la otra. Pero representan partes del mismo universo físico.
El hecho de que nuestro universo no está solo está respaldado por datos recibidos desde el telescopio espacial Planck. Usando los datos, los científicos han creado el mapa más preciso del fondo de microondas, la radiación de fondo de supuesta reliquia cósmica, que se ha mantenido desde el inicio de nuestro universo. También encontraron que el universo tiene un montón de oscuros recovecos representado por algunos agujeros y extensas lagunas.
El físico teórico Laura Mersini-Houghton de la Universidad de Carolina del Norte con sus colegas argumentan: las anomalías del fondo de microondas existen debido al hecho de que nuestro universo está influenciado por otros universos existentes cercanos. Y los agujeros y lagunas son un resultado directo de ataques sobre nosotros por universos vecinos.
Alma quanta
Por lo tanto, hay abundancia de lugares u otros universos donde nuestra alma podría emigrar después de la muerte, según la teoría del neo-biocentrismo. ¿Pero existe el alma?.
El profesor Stuart Hameroff de la Universidad de Arizona no tiene dudas sobre la existencia del alma eterna. Recientemente -el año pasado, anunció que se ha encontrado evidencia de que la conciencia no perece después de la muerte.
Según Hameroff, el cerebro humano es el ordenador cuántico perfecto y el alma o conciencia es simplemente información almacenada en el nivel cuántico. Puede ser transferida, después de la muerte del cuerpo. La información cuántica representada por la conciencia se funde con nuestro universo y existe allí indefinidamente. El experto del biocentrismo Lanza prueba que el alma migra a otro universo. Esa es la principal diferencia con respecto a sus otros colegas.
Sir Roger Penrose, un famoso físico británico y experto en matemáticas en Oxford, apoya esta teoría, y también ha encontrado rastros de contacto con otros universos. Juntos, los científicos están desarrollando la teoría cuántica para explicar el fenómeno de la conciencia. Ellos creen que encontraron los portadores de la conciencia, los elementos que acumulan información durante la vida, y después de la muerte del cuerpo la conciencia “drena” en otro lugar. Estos elementos están ubicados dentro de los microtúbulos proteicos (microtúbulos neuronales), que previamente han sido atribuidos a un simple papel de refuerzo y canalización de transporte dentro de una célula viva. Basado en su estructura, los microtúbulos son los más adecuados para funcionar como portadores de propiedades cuánticas dentro del cerebro. Que se debe principalmente a que son capaces de conservar estados cuánticos durante mucho tiempo, lo que significa que pueden funcionar como elementos de un ordenador cuántico.
Fuente: http://www.altaeducacion.org/
sábado, 11 de enero de 2014
El cielo es real
La famosa revista Newsweek sorprendió a muchos en su edición de Octubre 2012 con una portada y un titular impactante: “El cielo es real – La experiencia de un Doctor en el más allá”. La revista publica un artículo escrito por un prestigioso neurocirujano estadounidense que luego de haber vivido una Experiencia Cercana a la Muerte (ECM), asegura haber visto y viajado al más allá. Presentamos a continuación la traducción completa de la nota de Newsweek.
Como neurocirujano, yo no creía en el fenómeno de las experiencias cercanas a la muerte. Hijo de un neurocirujano, crecí en un mundo científico. He seguido el camino de mi padre y me convertí en un neurocirujano académico, enseñando en Harvard Medical School y otras universidades. Entiendo lo que ocurre en el cerebro cuando las personas están a punto de morir, y siempre había creído que había una buena explicación científica para los viajes celestiales fuera del cuerpo, descritos por aquellos que escapaban a la muerte por poco.
El cerebro es un mecanismo sorprendentemente sofisticado pero extremadamente delicado. Si se reduce la cantidad de oxígeno que recibe, así sea la cantidad más pequeña, este reaccionará. No era una gran sorpresa que las personas que habían sufrido un traumatismo grave regresaran de sus experiencias con historias extrañas. Pero eso no significaba que habían viajado a algún lugar real.
El cerebro es un mecanismo sorprendentemente sofisticado pero extremadamente delicado. Si se reduce la cantidad de oxígeno que recibe, así sea la cantidad más pequeña, este reaccionará. No era una gran sorpresa que las personas que habían sufrido un traumatismo grave regresaran de sus experiencias con historias extrañas. Pero eso no significaba que habían viajado a algún lugar real.
Aunque me consideraba un creyente cristiano, era más de título que de creencia real. No me molestaban los que querían creer que Jesús era más que simplemente un buen hombre que había sufrido a manos del mundo. Simpatizaba profundamente con aquellos que querían creer que había un Dios en alguna parte ahí fuera que nos amaba incondicionalmente. De hecho, envidiaba a esas personas la seguridad que esas creencias sin duda les proporcionaban. Pero como científico, simplemente creía que era incorrecto creer en eso.
En el otoño de 2008, sin embargo, después de siete días en un estado de coma en el que se inactivó la parte humana de mi cerebro, el neocórtex, experimenté algo tan profundo que me dio una razón científica para creer en la conciencia después de la muerte.
En el otoño de 2008, sin embargo, después de siete días en un estado de coma en el que se inactivó la parte humana de mi cerebro, el neocórtex, experimenté algo tan profundo que me dio una razón científica para creer en la conciencia después de la muerte.
Se cómo pronunciamientos como el mío les suenan a los escépticos, así que voy a contar mi historia con la lógica y el lenguaje del científico que soy.
Muy temprano por la mañana, hace cuatro años, me desperté con un dolor de cabeza muy intenso. En cuestión de horas, mi corteza entera – toda la parte del cerebro que controla el pensamiento y la emoción, y que en esencia que nos hace humanos – se había apagado. Los médicos del Hospital General de Lynchburg en Virginia, un hospital donde yo mismo trabajaba como neurocirujano, determinaron que de alguna manera había contraído una meningitis bacteriana muy poco frecuente que ataca sobre todo a los recién nacidos. Bacterias de e. coli habían penetrado en mi líquido cefalorraquídeo y estaban comiendo mi cerebro.
Muy temprano por la mañana, hace cuatro años, me desperté con un dolor de cabeza muy intenso. En cuestión de horas, mi corteza entera – toda la parte del cerebro que controla el pensamiento y la emoción, y que en esencia que nos hace humanos – se había apagado. Los médicos del Hospital General de Lynchburg en Virginia, un hospital donde yo mismo trabajaba como neurocirujano, determinaron que de alguna manera había contraído una meningitis bacteriana muy poco frecuente que ataca sobre todo a los recién nacidos. Bacterias de e. coli habían penetrado en mi líquido cefalorraquídeo y estaban comiendo mi cerebro.
Cuando entré en la sala de emergencias aquella mañana, mis posibilidades de supervivencia en algo más que un estado vegetativo ya eran bajas. Pronto estas posibilidades cayeron a casi nulas. Durante siete días estuve en un coma profundo, mi cuerpo sin respuestas, mis funciones cerebrales superiores totalmente fuera de línea.
Luego, en la mañana de mi séptimo día en el hospital, mientras mis médicos consideraban si se suspendía el tratamiento, mis ojos se abrieron de golpe.
Luego, en la mañana de mi séptimo día en el hospital, mientras mis médicos consideraban si se suspendía el tratamiento, mis ojos se abrieron de golpe.
No hay una explicación científica para el hecho de que mientras mi cuerpo estaba en estado de coma, mi mente – mi conciencia, mi yo interior – estaba viva y bien. Mientras las neuronas de mi corteza cerebral fueron aturdidas hasta su total inactividad por las bacterias que las habían atacado, mi conciencia liberada del cerebro había viajado a una diferente y mayor dimensión del universo: una dimensión que nunca había soñado que podía existir, y que mi viejo yo previo al coma hubiera estado más que feliz explicando que se trataba de una simple imposibilidad.
Pero esa dimensión, a grandes rasgos, la misma que describen incontables personas que han vivido experiencias cercanas a la muerte u otros estados místicos, está allí. Existe, y lo que vi y aprendí allí me ha puesto literalmente en un mundo nuevo: un mundo en el que somos mucho más que nuestros cerebros y cuerpos, y donde la muerte no es el final de la conciencia, sino más bien un capítulo de un vasto e incalculablemente positivo viaje.
No soy la primera persona en tener evidencia de que la conciencia existe más allá del cuerpo. Breves y maravillosos destellos de este reino son tan antiguos como la historia humana. Pero hasta donde yo sé, nadie antes que yo haya viajado alguna vez a esta dimensión (a), mientras su corteza estaba completamente apagada, y (b), mientras que su cuerpo estaba bajo observación médica al minuto, como lo estuvo mi cuerpo durante los siete días completos de mi estado de coma.
No soy la primera persona en tener evidencia de que la conciencia existe más allá del cuerpo. Breves y maravillosos destellos de este reino son tan antiguos como la historia humana. Pero hasta donde yo sé, nadie antes que yo haya viajado alguna vez a esta dimensión (a), mientras su corteza estaba completamente apagada, y (b), mientras que su cuerpo estaba bajo observación médica al minuto, como lo estuvo mi cuerpo durante los siete días completos de mi estado de coma.
Todos los argumentos principales en contra de las experiencias cercanas a la muerte sugieren que estas experiencias son el resultado de un mínimo, transitorio, o parcial mal funcionamiento de la corteza cerebral. Sin embargo, mi experiencia cercana a la muerte no tuvo lugar mientras mi corteza estaba funcionando mal, sino mientras estaba simplemente apagada. Esto se desprende claramente de la gravedad y la duración de mi meningitis, y de la complicación cortical global documentada por los escaneos TC y exámenes neurológicos. Según el conocimiento médico actual sobre el cerebro y la mente, no hay absolutamente ninguna manera de que yo pudiera haber experimentado ni siquiera una conciencia débil y limitada durante mi tiempo en el estado de coma, y mucho menos la odisea híper vívida y completamente coherente que experimenté.
Me tomó meses aceptar lo que me pasó. No sólo la imposibilidad médica de que había estado consciente durante mi coma, pero más importante aún, las cosas que sucedieron durante ese tiempo. Hacia el comienzo de mi aventura, yo estaba en un lugar de nubes. Grandes, esponjosas, de color rosa-blanco, que se presentaron nítidamente en contraste con el profundo cielo negro-azul.
Más alto que las nubes, inconmensurablemente más alto, una multitud de seres transparentes y brillantes se movían trazando arcos por el cielo, dejando largos trazos como serpentinas detrás de ellos.
¿Pájaros? ¿Ángeles? Estas palabras las registré más tarde, cuando estaba escribiendo mis recuerdos. Pero ninguna de estas palabras hace justicia a estos seres, que eran, sencillamente, diferentes a todo lo que he conocido en este planeta. Eran más avanzados. Formas superiores.
¿Pájaros? ¿Ángeles? Estas palabras las registré más tarde, cuando estaba escribiendo mis recuerdos. Pero ninguna de estas palabras hace justicia a estos seres, que eran, sencillamente, diferentes a todo lo que he conocido en este planeta. Eran más avanzados. Formas superiores.
Un sonido, enorme y retumbante como un canto glorioso, descendió desde lo alto, y me pregunté si los seres alados lo estaban produciendo. Nuevamente, pensando en ello más tarde, se me ocurrió que la alegría de estas criaturas mientras volaban alto era tal, que tenían que emitir este sonido, y que si la alegría no salía de ellos de esta manera entonces simplemente no serían capaces de contenerla. El sonido era palpable y casi material, como una lluvia que se puede sentir en tu piel, pero que no te moja.
Ver y escuchar no estaban separados en este lugar donde ahora estaba. Podía escuchar la belleza visual de los cuerpos plateados de esos seres brillantes que estaban arriba, y pude ver la perfección creciente, alegre de lo que cantaban. Parecía que no se podía ver o escuchar ninguna cosa en este mundo sin volverse parte de ella, sin unirse con ello de alguna forma misteriosa. Una vez más, desde mi perspectiva presente, me permito sugerir que no se podría mirar “hacia” nada en ese mundo en absoluto, porque la palabra “hacia” en sí misma implica una separación que allí no existía. Cada cosa era distinta, pero cada cosa era también una parte de todo lo demás, al igual que los diseños ricos y entremezclados en una alfombra persa … o en el ala de una mariposa.
Se vuelve más extraño aún. Durante la mayor parte de mi viaje, alguien más estaba conmigo. Una mujer. Ella era joven, y me acuerdo de cómo era en detalle. Tenía los pómulos altos y ojos profundamente azules. Trenzas doradas enmarcaban su hermoso rostro. La primera vez que la vi, estábamos juntos cabalgando sobre una superficie con un intrincado patrón, que después de un momento me di cuenta que era el ala de una mariposa. De hecho, millones de mariposas estaban alrededor de nosotros, enormes y agitadas olas de ellas, que se zambullían en un bosque y volvían de nuevo a nuestro alrededor. Era un río de vida y color, moviéndose a través del aire. La vestimenta de la mujer era simple, como la de un campesino, pero sus colores en polvo azul, índigo y pastel de naranja-durazno tenían la misma abrumadora y súper vívida vitalidad que todo lo demás. Ella me miró con una mirada que, si la vieras durante cinco segundos, haría que tu vida entera hasta ese punto valiera la pena, sin importar lo que haya ocurrido en ella hasta ahora. No era una mirada romántica. No era una mirada de amistad. Era una mirada que de alguna manera estaba más allá de todo esto, más allá de todos los diferentes tipos de amor que tenemos aquí en la tierra. Era algo superior, que contenía todos estos tipos de amor en si mismo, mientras al mismo tiempo era mucho mayor que todos ellos.
Sin pronunciar una sola palabra, ella me habló. El mensaje me atravesó como un viento, y al instante comprendí que era cierto. Lo supe de la misma manera en que supe que el mundo que nos rodeaba era real, no era una fantasía pasajera e insustancial.
El mensaje tenía tres partes, y si tuviera que traducirlas al lenguaje terrenal, sería algo como esto:
“Ustedes son amados y apreciados, muchísimo y para siempre.”
“No tienes nada que temer.”
“Ustedes son amados y apreciados, muchísimo y para siempre.”
“No tienes nada que temer.”
“No hay nada que puedas hacer el mal.”
El mensaje me inundó con una inmensa y loca sensación de alivio. Era como si me hubieran entregado las reglas de un juego al que había estado jugando toda mi vida sin nunca haberlo comprendido plenamente.
“Te vamos a mostrar muchas cosas aquí”, dijo la mujer, una vez más, sin llegar a utilizar estas palabras, sino transmitiéndome directamente su esencia conceptual. “Pero eventualmente vas a regresar”.
Para ello, sólo tenía una pregunta.
¿Regresar a dónde?
El mensaje me inundó con una inmensa y loca sensación de alivio. Era como si me hubieran entregado las reglas de un juego al que había estado jugando toda mi vida sin nunca haberlo comprendido plenamente.
“Te vamos a mostrar muchas cosas aquí”, dijo la mujer, una vez más, sin llegar a utilizar estas palabras, sino transmitiéndome directamente su esencia conceptual. “Pero eventualmente vas a regresar”.
Para ello, sólo tenía una pregunta.
¿Regresar a dónde?
Un viento cálido soplaba, como los que surgen en los días más perfectos de verano, sacudiendo las hojas de los árboles y fluyendo como agua celestial. Una brisa divina. Esto cambió todo, transformando el mundo a mi alrededor en una octava incluso más alta, una vibración más alta.
A pesar de que aun tenía una pequeña función del lenguaje, al menos la idea que tenemos de él en la Tierra, sin decir palabras comencé a formular preguntas a este viento, y al ser divino que sentía que trabajaba detrás de él o dentro de él.
¿Dónde está este lugar?
¿Quién soy yo?
¿Por qué estoy aquí?
¿Quién soy yo?
¿Por qué estoy aquí?
Cada vez que expresé silenciosamente una de estas preguntas, la respuestas llegaron inmediatamente, en una explosión de luz, color, amor y belleza que soplaba a través de mí como una ola rompiendo. Lo más importante de estas explosiones es que no callaban mis preguntas abrumándolas. Respondían a las preguntas, pero de una forma que pasaba el lenguaje por alto. Los pensamientos me entraban directamente. Pero no era pensamiento como lo experimentamos en la Tierra. No era vago, inmaterial o abstracto. Estos pensamientos eran sólidos e inmediatos, más calientes que el fuego y más húmedos que el agua, y mientras los recibía era capaz de comprender al instante y sin esfuerzo conceptos que me habría llevado años comprender plenamente en mi vida terrenal.
Seguí avanzando y me encontré ingresando en un inmenso vacío, completamente oscuro, infinito en tamaño, pero también infinitamente reconfortante. Era profundamente negro pero a la vez rebosante de luz: una luz que parecía venir de un orbe brillante que ahora sentía más cerca de mí. El orbe era una especie de “intérprete” entre mí y esta vasta presencia que me rodeaba. Era como si yo estuviera naciendo a un mundo más grande, y el propio universo era como un útero cósmico gigante y el orbe (que sentí estaba conectado de alguna manera con, o incluso era idéntico a la mujer sobre el ala de la mariposa) fue guiándome a través de él.
Más tarde, cuando volví, me encontré con una cita del Siglo XVII, del poeta cristiano Henry Vaughan, que estuvo muy cerca de describir este lugar mágico, este núcleo vasto y negro como tinta, que era el hogar de la misma Divinidad.
“Hay, dicen algunos, en Dios, una oscuridad profunda pero deslumbrante”.
Eso era exactamente: una negra oscuridad que también estaba rebosante de luz.
Sé muy bien cuan extraordinario, cuan francamente increíble, todo esto suena. Si alguien, incluso un médico, me hubiera contado una historia como ésta en los viejos tiempos, hubiera estado bastante seguro de que estaba bajo el hechizo de algún delirio. Pero lo que me pasó fue, lejos de ser delirante, tan real o más real que cualquier otro acontecimiento en mi vida. Eso incluye el día de mi boda y el nacimiento de mis dos hijos.
Lo que me pasó exige una explicación.
Eso era exactamente: una negra oscuridad que también estaba rebosante de luz.
Sé muy bien cuan extraordinario, cuan francamente increíble, todo esto suena. Si alguien, incluso un médico, me hubiera contado una historia como ésta en los viejos tiempos, hubiera estado bastante seguro de que estaba bajo el hechizo de algún delirio. Pero lo que me pasó fue, lejos de ser delirante, tan real o más real que cualquier otro acontecimiento en mi vida. Eso incluye el día de mi boda y el nacimiento de mis dos hijos.
Lo que me pasó exige una explicación.
La física moderna nos dice que el universo es una unidad que es indivisible. Aunque parece que vivimos en un mundo de separación y diferencia, la física nos dice que debajo de la superficie, cada objeto y acontecimiento en el universo está completamente entretejido con todos los demás objetos y eventos. No hay verdadera separación.
Antes de mi experiencia de estas ideas eran abstracciones. Hoy son realidades. El universo no sólo está definido por la unidad, sino también, ahora lo sé, definido por el amor. El universo como lo experimenté en mi estado de coma es – he descubierto con sorpresa y alegría- el mismo sobre el cual tanto Einstein y Jesús habían hablado en sus (muy) diferentes maneras.
He pasado décadas como neurocirujano en algunas de las instituciones médicas más prestigiosas de nuestro país. Sé que muchos de mis compañeros se aferran, como yo en el pasado, a la teoría de que el cerebro, y en particular la corteza, genera la conciencia y de que vivimos en un universo desprovisto de cualquier tipo de emoción, y mucho menos del amor incondicional que ahora se que Dios y el universo tienen hacia nosotros. Pero esa creencia, esa teoría, ahora yace rota a nuestros pies. Lo que me pasó la destruyó, y tengo la intención de pasar el resto de mi vida investigando la verdadera naturaleza de la conciencia y difundiendo el hecho de que somos más, mucho más, que nuestro cerebro físico, lo más claro que pueda, tanto hacia mis colegas científicos como hacia la gente en general.
Antes de mi experiencia de estas ideas eran abstracciones. Hoy son realidades. El universo no sólo está definido por la unidad, sino también, ahora lo sé, definido por el amor. El universo como lo experimenté en mi estado de coma es – he descubierto con sorpresa y alegría- el mismo sobre el cual tanto Einstein y Jesús habían hablado en sus (muy) diferentes maneras.
He pasado décadas como neurocirujano en algunas de las instituciones médicas más prestigiosas de nuestro país. Sé que muchos de mis compañeros se aferran, como yo en el pasado, a la teoría de que el cerebro, y en particular la corteza, genera la conciencia y de que vivimos en un universo desprovisto de cualquier tipo de emoción, y mucho menos del amor incondicional que ahora se que Dios y el universo tienen hacia nosotros. Pero esa creencia, esa teoría, ahora yace rota a nuestros pies. Lo que me pasó la destruyó, y tengo la intención de pasar el resto de mi vida investigando la verdadera naturaleza de la conciencia y difundiendo el hecho de que somos más, mucho más, que nuestro cerebro físico, lo más claro que pueda, tanto hacia mis colegas científicos como hacia la gente en general.
No espero que esto sea una tarea fácil, por las razones que he descrito anteriormente. Cuando el castillo de una vieja teoría científica comienza a mostrar líneas de falla, al principio nadie quiere prestar atención. En primer lugar, el antiguo castillo simplemente ha tomado mucho trabajo para ser construido, y si se cae, uno completamente nuevo tendrá que ser construido en su lugar.
Esto lo aprendí de primera mano después de que estuve lo suficientemente bien como para volver a salir al mundo y hablar con otras personas -personas, es decir, que no sean mi sufrida esposa, Holley, y nuestros dos hijos-, acerca de lo que me había pasado. Las miradas de incredulidad cortés, especialmente entre mis amigos médicos, pronto me hicieron ver la gran tarea que tendría para que la gente comprendiera la enormidad de lo que había visto y experimentado esa semana mientras mi cerebro estaba apagado.
Uno de los pocos lugares en los que no tuve problemas para transmitir mi historia era un lugar que antes de mi experiencia había visto bastante poco: la iglesia. La primera vez que entré en una iglesia después de mi coma, veía todo con ojos nuevos. Los colores de los vitrales me recordaron la luminosa belleza de los paisajes que había visto en el mundo de arriba. Las notas bajas profundas del órgano me recordaron cómo los pensamientos y emociones en ese mundo son como olas que se mueven a través de ti. Y, lo más importante, una pintura de Jesús partiendo el pan con sus discípulos evocó el mensaje que permanece en el corazón mismo de mi viaje: que somos amados y aceptados incondicionalmente por un Dios aun más grande e insondablemente glorioso que el que me habían enseñado de niño en la escuela dominical.
Hoy en día muchos creen que las verdades espirituales vivas de la religión han perdido su poder, y que la ciencia, no la fe, es el camino a la verdad. Antes de mi experiencia tenía una fuerte sospecha de que ese era el caso para mí.
Uno de los pocos lugares en los que no tuve problemas para transmitir mi historia era un lugar que antes de mi experiencia había visto bastante poco: la iglesia. La primera vez que entré en una iglesia después de mi coma, veía todo con ojos nuevos. Los colores de los vitrales me recordaron la luminosa belleza de los paisajes que había visto en el mundo de arriba. Las notas bajas profundas del órgano me recordaron cómo los pensamientos y emociones en ese mundo son como olas que se mueven a través de ti. Y, lo más importante, una pintura de Jesús partiendo el pan con sus discípulos evocó el mensaje que permanece en el corazón mismo de mi viaje: que somos amados y aceptados incondicionalmente por un Dios aun más grande e insondablemente glorioso que el que me habían enseñado de niño en la escuela dominical.
Hoy en día muchos creen que las verdades espirituales vivas de la religión han perdido su poder, y que la ciencia, no la fe, es el camino a la verdad. Antes de mi experiencia tenía una fuerte sospecha de que ese era el caso para mí.
Pero ahora entiendo que esta opinión es demasiado simple. El hecho cierto es que la imagen materialista del cuerpo y el cerebro como los productores, en lugar de los vehículos, de la conciencia humana, está condenada. En su lugar, una nueva visión de la mente y el cuerpo va a surgir, y de hecho ya está emergiendo. Este punto de vista es científico y espiritual en igual medida y valorará lo que los más grandes científicos de la historia siempre se han valorado por sobre todo: la verdad.
Esta nueva imagen de la realidad tomará mucho tiempo en armarse. No va a estar terminada en mi tiempo, o incluso, sospecho, tampoco en el tiempo de mis hijos. De hecho, la realidad es demasiado vasta, demasiado compleja y demasiado irreductiblemente misteriosa para que una imagen de ella alguna vez llegue a estar absolutamente completa. Pero, en esencia, esta imagen mostrará al universo en evolución, multidimensional, y conocido en detalle hasta cada uno de sus últimos átomos por un Dios que nos cuida mucho más profunda y apasionadamente que cualquier padre que alguna vez haya amado a su hijo.
Aun sigo siendo un doctor, y aun sigo siendo un hombre de ciencia, casi exactamente igual a como era antes de que tuviera mi experiencia. Pero en un nivel más profundo soy muy diferente a la persona que era antes, porque he podido vislumbrar esta imagen de la realidad que está surgiendo. Y puedes creerme cuando te digo que va a valer la pena cada pequeño paso de la labor que nos llevará, y a los que vienen después de nosotros, para llegar a comprenderla bien.
Dr. Eben Alexander, The Daily Beast, 08 de Octubre 2012
Fuente: http://www.thedailybeast.com/newsweek/2012/10/07/proof-of-heaven-a-doctor-s-experience-with-the-afterlife.html
Fuente: http://www.thedailybeast.com/newsweek/2012/10/07/proof-of-heaven-a-doctor-s-experience-with-the-afterlife.html
viernes, 10 de enero de 2014
Salud y Nutrición Natural. Charla publica
Se invita a los estudiantes de la Academia para un Mundo Mejor y público general a una Charla Pública:
"Salud y Nutrición Natural".
PONENTE: Ramón Gonzalez. Sanador, creador en Mérida del Proyecto Génesis de Medicina Ayurvédica.
FECHA: Lunes 13 de enero del 2014
HORA: 5:30 a 8:30 pm
LUGAR: Academia para un Mundo Mejor. Urb. Las Acacias, quinta La Luz, N° 3-23. San Cristobal.
Contacto: Marbella Romero: 0414 7239604
Escríbenos a: bktachira@gmail.com
Siguenos en Twitter: @AcademiaMundoMe
Visita nuestro sitio en internet: Http://academiamundomejor. blogspot.com
lunes, 16 de diciembre de 2013
Prueba científica de la existencia de Dios
Científico Michio Kaku asegura que encontró una prueba definitiva de que Dios existe.
El físico teórico Michio Kaku afirma haber creado una teoría que puede apuntar a la existencia de Dios. La información ha creado un gran revuelo en la comunidad científica porque Kaku es considerado uno de los científicos más importantes de la actualidad, uno de los creadores y desarrolladores revolucionarios de la Teoría de Cuerdas por lo que es muy respetado en todo el mundo.
Para llegar a sus conclusiones, el físico hizo uso un “semi-radio primitivo de táquiones” (que son partículas teóricas capaces de “despegar” la materia del universo o el contacto de vacío con ella, dejando así todo libre de las influencias del universo que les rodea), tecnología creada recientemente en 2005.
Aunque la tecnología para llegar a las verdaderas partículas de taquiones aún está lejos de ser una realidad, el semi-radio tiene algunas pocas propiedades de estas partículas teóricas, que son capaces de crear el efecto de los verdaderos taquiones en una escala subatómica.
Según Michio, vivimos en un “Matrix”: “He llegado a la conclusión de que estamos en un mundo hecho por reglas creadas por una inteligencia, no muy diferente de su juego de ordenador favorito, por supuesto, más complejo e impensable. Analizando el comportamiento de la materia a escala subatómica, afectado por el semi radio primitivo de taquiones, un diminuto punto en el espacio, por primera vez en la historia, totalmente libre de cualquier influencia del universo, la materia, la fuerza o la ley se percibe de una forma inédita el caos absoluto. Créeme, todo lo que llamamos casualidad hoy no tendrá más sentido. Para mí está claro que estamos en un plano regido, por reglas creadas y no determinadas por azares universales”, dijo el científico.
jueves, 14 de noviembre de 2013
Hábitos para la Felicidad
¿Dónde se encuentra la
felicidad? ¿En la calidad de las relaciones que mantenemos? ¿En la calidad de
nuestra alimentación? ¿En la estabilidad de nuestras emociones? ¿Dónde?
Es posible que ahí y también en muchas otras cosas
aunque, finalmente todas, nos llevan a un punto en común: "En ser y hacer
lo que necesitas en cada momento".
La felicidad siempre nace en el interior de cada uno,
nada externo a ti, te dará felicidad aunque, podemos mantener ciertos hábitos
que ayudarán a despertar ese estado de aceptación y confianza que te llevarán a
ser feliz.
La ciencia, por su parte, no ha permanecido ajena a este
tema, y existen numerosas investigaciones que coinciden en ciertos hábitos que
nos acercan a la felicidad.
Las
personas felices conviven con personas felices
La felicidad es contagiosa. Investigadores estudiaron por
más de 20 años, a personas que se relacionaban preferentemente, con personas
felices, descubriendo que de esta manera, aumentaba la probabilidad de que
ellas también fueran felicesy, así ha sido.
Sonreir
Si se tienen pensamientos positivos, es probable que una sonrisa, acuda con más facilidad y naturalidad a su rostro. Curiosamente, según algunos estudios, falsear una sonrisa durante una situación poco agradable, puede empeorar el estado de ánimo.
Si se tienen pensamientos positivos, es probable que una sonrisa, acuda con más facilidad y naturalidad a su rostro. Curiosamente, según algunos estudios, falsear una sonrisa durante una situación poco agradable, puede empeorar el estado de ánimo.
Celebrar
también los pequeños triunfos
Los triunfos personales, casi sin excepción, nos aportan
estímulos. Sin embargo, lo usual es pensar en las grandes victorias, aquellas
que se consiguen solo a costa de esfuerzo y sacrificio, al menos esto es lo que
siempre nos han dicho. ¿Pero qué pasa con los triunfos más modestos y
cotidianos? ¿Acaso no son dignos de reconocimiento?
Gusto
por los placeres sencillos
En el caso del placer existe también lo sencillo, que a
veces pasa desapercibido pero es capaz de proveer tanta o más satisfacción que
los llamados grandes placeres. Darle sentido a las pequeñas acciones y ser
agradecido con la vida, está asociado con el regocijo.
Las
personas felices hacen el bien a los demás
La felicidad puede mirarse también como un circuito que
se nutre a sí mismo y así se sostiene y autoalimenta, hacer feliz a alguien
tiene como consecuencia que otra persona haga feliz a ese primero de la cadena.
Solo que, claro, aquí no hay primeros, ni últimos, sino solo una fuerza que se
mantiene circulando entre quienes emprenden acciones en beneficio de otros.
Dejarse
llevar
Cuando hacer algo nos complace, es muy frecuente que
perdamos la sensación del transcurso del tiempo. Aquello que hacemos es tan satisfactorio,
que todo lo demás deja de importarnos, incluso el paso del tiempo. Aprender a
entregarse de esta manera a una actividad altamente satisfactoria, que también
implica motivación, es importante para alimentar nuestra Alma.
Profundidad
en las conversaciones
Hace poco la revista Psychological Science publicó un
estudio en el que destacaba la tendencia de las personas felices por preferir
conversaciones profundas, sustanciosas, en vez de conversaciones huecas sobre
temas banales. Es notablemente más satisfactorio conversar sobre la situación
emocional por la que se atraviesa en este momento, sobre las inquietudes y las
reflexiones a cerca de temas que pueden inspirarnos.
Saber
escuchar
Escuchar puede considerarse una de las principales
habilidades del ser humano. Escuchar implica reconocer la existencia del Otro,
respetar su visión del mundo, estar dispuesto a conocerla y aprender algo de
ello. Escuchar hace al otro sentirse acogido, útil en el sentido de que sus
palabras transformaron, de algún modo, la realidad de la persona que las
escuchó.
Preferencia
por las relaciones cara a cara
En nuestro tiempo pareciera que la tecnología que tenemos
a nuestra disposición, es más que suficiente para estar en contacto con amigos,
familiares e incluso la pareja. Es la sociedad de la soledad, Redes sociales,
conversaciones por teléfono, emails, whatssap, pero esto, no es comunicación,
son relaciones virtuales que nada tienen que ver con sentarnos cara a cara,
mirarnos a los ojos, tocar a la otra persona, ver sus gestos y acompañarse.
Ver
el lado bueno de las cosas
El hecho de ver el lado bueno de las cosas disminuye el
estrés y sus síntomas, además de que incrementa nuestra tolerancia al dolor y
al sufrimiento. Un estudio reciente demostró que tener una actitud positiva,
mejora la salud de quienes tienen padecimientos cardiacos. Todo tiene un lado
bueno, aunque no siempre sabemos apreciarlo.
Escuchar
música
La música es una de las manifestaciones más elevadas del
espíritu. La música que escuchamos puede afectar la manera en que percibimos el
mundo: una melodía triste nos hará ver un mundo triste, mientras que una
melodía más armónica, llevará felicidad alli donde se escuche. No todo a lo que
llamamos música, lo es, los sonidos binarios nos aletargan y tembién es
necesario prestar atención a lo que dicen las letras de las canciones, no todas
son beneficiosas.
La
importancia de la espiritualidad
El cultivo de la espiritualidad nos hace reflexionar que
somos mucho más que materia. Que una parte muy importante de nosotros, está
hecha de elementos intangibles pero auténticos. La espiritualidad y el
reconocimiento de lo sagrado, nos vuelve agradecidos, generosos, pacientes,
tolerantes, y cuando las practicas, redundan en nuestra propia felicidad y en
la del entorno.
Busca
la naturaleza
Una caminata de veinte minutos revitaliza, tanto el
cuerpo como la mente y el espíritu. De acuerdo con numerosos estudios, el
contacto con la naturaleza despierta las sensaciones de bienestar y felicidad
en quien lo experimenta. La naturaleza es el mejor antidepresivo que existe.
viernes, 1 de noviembre de 2013
Jornada especial para Educadores
ACTIVIDAD ESPECIAL PARA EDUCADORES
En San Cristóbal - Tachira - Venezuela.
EN LA MAÑANA
(De 9:30 a.m. a 12 m.)
Charla Pública:
"VOCACIÓN Y PROPÓSITO EN LA VIDA"
PONENTES: Prof. Olga Chacón y Luz Martha Moreno.
EN LA TARDE
(De 3 a 6 p.m.)
Mini-Taller:
"MANEJO DEL ESTRÉS Y MEDITACION"
PONENTES: Prof. Valerio Duarte, Egleth Manrique y Luz Martha Moreno
AFICHE:
ENTRADA LIBRE
La Organización Brahma Kumaris, fundada en India en 1936, con estatus consultivo anta la ONU, es una institución sin fines de lucro que promueve la Educación para la vida, no cobra por ninguna de sus actividades. Se sustenta con las amorosas y voluntarias contribuciones y donativos que los asistentes, estudiantes o cualquier persona u organización realice.
CONTACTOS:
Marbella: 0414 7239604
Marlovys: 0424-7035826
Escríbenos a: bktachira@gmail.com
Siguenos en Twitter: @AcademiaMundoMe
Visita nuestro sitio en internet: Http://academiamundomejor. blogspot.com y Http://reverde-ser.blogspot.com
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